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La Transparencia Universitaria estos días

12/10/22

Por

Asdrúbal A Romero M

La justificación del tuit mostrado en la imagen

Luchar por, demandar, exigir “Transparencia Universitaria”, siempre ha sido un asunto presente en el debate al interior de nuestras máximas casas de estudio –hoy día con el poder de las redes sociales también se ha hecho común el que se irradie extramuros-. El tema es muy amplio y dependiendo de la época o contextos específicos de cada institución, algunos de los subtemas contenidos en él han recibido mayor atención que otros. Esta aclaratoria previa cabe, dado que me voy a referir en estas líneas a un pedimento de transparencia universitaria dirigido hacia las universidades venezolanas, con mayor énfasis en las pertenecientes al subsistema público, que considero muy pertinente en esta particular etapa que aqueja al país.


El día siete de octubre de este año, redacté el siguiente tuit: “Hablando del inicio de las actividades docentes de las universidades autónomas, ellas deberían ser transparentes en informar qué porcentaje de su docencia será presencial, facultad por facultad. No hacerlo es contribuir al clima de engaño en el que vive el país”. Dos cosas aclaro: en este texto corrijo algunas abreviaciones utilizadas para facilitar que el mensaje cupiera en el número limitado de caracteres que permite Twitter y, más de fondo, en el tuit me dirijo a las autónomas cuando debí  ser más amplio y referirme a todo el subsistema público.


La exigencia planteada en el tuit es un tanto atípica. No se inscribe dentro de los tradicionales reclamos que gremios o sectores internos de las universidades hacen a sus respectivas autoridades demandando un manejo más transparente de los recursos presupuestarios. Lo que se propone es una transparencia de cara al país: desnudarnos ante él a fin de dejarle ver de qué manera estamos intentando cumplir con nuestra misión educativa. Planteo, puesto en otros términos, que las universidades le hablen claramente al país, con el objetivo de mantenerle informado sobre el tipo de docencia que las circunstancias actuales les están permitiendo concretar. Esto, en pasadas épocas quizás no se percibió tan necesario aunque fuese lo deseable, pero ahora es de vital importancia.


¿Cuál es mi motivación para plantear esta demanda? –en la cual espero ser acompañado por muchos universitarios-. He observado como las autoridades de diversas instituciones –no solo de la UC- han anunciado el reinicio de actividades, sin referirse en ningún rincón de sus declaraciones a cuáles son las limitantes que están caracterizando el publicitado reinicio. Pero uno tiene acceso a muchos directivos de diversas facultades que están en primera línea de batalla, los cuales, quizás por mi condición de ex rector, me ratifican con honestidad lo que presuponíamos debía estar ocurriendo, dadas las condiciones ruinosas de los campus, más otros factores de peso que todos conocemos.


Debo ser honesto, aunque sea una obviedad reconocer que el mayor flujo de información que dispongo es sobre la UC, mi Alma Máter,  pero también manejo reportes sobre la situación de LUZ y USB. Adicionalmente, son públicas e ingratamente notorias las noticias que se han publicado sobre los daños perpetrados a la planta física de UDO. Toda la información nos ha llevado a concluir que las condiciones de reinicio están siendo muy limitadas en cuanto a la posibilidad de un retorno efectivo a la docencia presencial en estas cuatro importantes universidades. Asumo el riesgo de que pueda tomarse como especulación aventurera  y no me refiero ni a ULA ni a UCV por respeto a la seriedad con la que deseo abordar el sensible llamado.


Retornando a mis líneas de información primaria: ¿Tú crees que este semestre pueda incrementarse el porcentaje de docencia presencial? –ya sabemos que el semestre anterior fue casi cien por ciento virtual-. Duda, mucha duda, del otro lado, el Decano, o en otros casos la Decana, está haciendo un gran esfuerzo pero….a continuación la retahíla de problemas: no tenemos agua para los baños; el servicio eléctrico se nos va por varias horas al día; los muchachos tienen muchos problemas con el transporte, etc.


Problemas menores, sí, pero problemas que en otros países pueden darse como tácitamente resueltos, pero no en la Venezuela de hoy día. Entonces, si a la hora de la verdad, X facultad va a poder alcanzar sólo un 20% de presencialidad y la Facultad Z un 30% y así sucesivamente: ¿Por qué no se asume esta realidad como una verdad que debe ser informada con transparencia a la nación? Venezuela necesita saber que su subsistema público universitario se ha convertido, en un porcentaje altamente significativo, en una gran universidad nacional a distancia. A partir de asumir esta realidad, podremos comenzar a discutir cuál puede ser la calidad de los graduandos que continúan emergiendo de nuestras casas de estudio.


Voy a dejar constancia, antes de continuar, que he dejado por fuera otros factores incidentes en la problemática con poder de impacto similarmente mortífero, pero es que sólo con lo evidente ya hay suficiente tela para cortar.  Entre los mensajes que he recibido respecto al tuit, voy a mencionar uno que me pareció absolutamente pertinente. Oído al tambor, señores vicerrectores académicos: es necesario reactivar las comisiones de auditoría académica. Ya no con los objetivos que nos proponíamos en mejores épocas, sino con los objetivos de recopilar y organizar estadísticas que le permitan a cada institución universitaria informarles a todos los venezolanos de las interioridades que se consideren pertinentes, acerca de cómo se va ejecutando la docencia y cómo se van certificando los objetivos alcanzados en el proceso de enseñanza aprendizaje. Esto sería lo transparente y lo correcto como conducta institucional ante el país.


Otra idea, en la misma línea, sería la de instalar un Observador Nacional de Funcionalidad de la Docencia Universitaria. Los gremios docentes podrían unir sus fuerzas para nutrir a dicho observador de la información pertinente. A ellos, les es natural poder disponer de una sonda de captación de datos en cada cátedra universitaria. Algo hay que hacer, porque lo contrario significa continuar transmitiendo una normalidad que no existe y de esta manera consolidar una imagen hacia el ciudadano que está alejado de lo universitario de que en nuestro ámbito de gestión académica todo va sobre ruedas, cuando no es así.  El régimen se afana en tratar de difundir una normalidad en los sistemas de prestación de los servicios públicos fundamentales, educación y salud, que dista muchísimo de la realidad -en los niveles educativos primero y secundario el problema es aún más grave-. Callar ante ese afán es hacerse cómplices en la pretensión de engañar a la nación. Y no se trata de hacer política, se trata de trabajar con la verdad porque las universidades deben ser casa de luz y no de sombras.


He leído planes país, declaraciones de académicos con referencia a lo universitario que, haciendo un símil con la pirámide de Maslov, parecieran estar apuntando a la necesidad individual del auto crecimiento cuando, en verdad, nos estamos muriendo de hambre. Hay que abrir los ojos ante el carácter primitivo de la problemática que vamos a heredar en el campo educativo y  no plantearse decálogos de felices deseos con objetivos compatibles con los estadios alcanzados por las sociedades del conocimiento o los promisorios avances en el campo de la educación virtual. En nuestro caso, los primeros problemas a resolver están ligados a esenciales necesidades que deben ser satisfechas para poder avanzar hacia la consideración de elucubraciones futuristas.


Hemos descendido a un estadio primitivo y por ello es que a mí, en lo personal, todo este tipo de ejercicios  declarativos de un voluntarismo idealizado no me parecen más que una huida hacia adelante, la cual en su favor presumo de inconsciente,  para no lidiar con la verdadera realidad que tenemos en un sistema cuyas potencialidades se han venido destruyendo sistemáticamente por un par de décadas ya.  Lo mismo me ocurre, cuando observo autoridades ufanándose a través de la prensa porque sus universidades todavía se ubican en el puesto x, y o z del ranking de universidades chino -o el inglés: qué más da-. Las universidades estamos obligadas a servirle de ejemplo institucional al país, en el sentido de iluminarle la ruta de cómo ir aterrizando sectorialmente a nuestra cruda realidad. Para ello, lo primero pasos deben a apuntar a cómo encontrar nuestra propia pista.


Asdrúbal Romero Mujica

@asdromero

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