Una velada con el poeta Oliveros
26/9/26
Por
Asdrúbal A Romero M
Con motivo de la presentación de su libro "Un antes y un después".

Jueves 24 de septiembre de 2026
Anoche asistí a la presentación de un libro del poeta Alejandro Oliveros en la librería Machado del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Su reconocido prestigio literario y su prolongada conexión histórica con la Universidad de Carabobo me infundieron una especial motivación para participar en el evento. Oliveros y yo compartimos amigos que siempre pusieron muy en alto el vasto bagaje cultural del poeta; sin embargo, que yo recuerde, nunca tuve la oportunidad de departir directamente con él.
La presentación de “Un antes y un después: Diarios Literarios 2020-2022”, estuvo a la altura de los elogios que había recibido sobre su erudición. Satisfizo absolutamente mi curiosidad sobre el autor. Fue una de las presentaciones de Kalathos Ediciones más interesantes a las que he asistido; durante más de hora y media, la conversación fluyó con absoluta lucidez. El poeta Carmelo Chillida, editor del libro, y David Malavé, director principal de Kalathos y en funciones de moderador, ofrecieron un acompañamiento que facilitó la exposición de una serie de ideas del autor sobre el “diarismo” que me resultaron aleccionadoras. Destaco también la participación de la escritora zuliana Milagros Socorro que con sus oportunas preguntas contribuyó al lucimiento de Oliveros.
El “diarismo” es uno de los cuatro géneros literarios, junto con la narrativa, poesía y el ensayo como señaló el autor con la metáfora de las cuatro ruedas del carruaje de la Literatura. Según Oliveros se cultiva poco en el ámbito de la cultura hispánica, a diferencia de la tradición francesa o anglosajona. No obstante, desde su primera incursión en 1995 él ha trabajado este género de manera continua; durante el encuentro expuso sus motivos y el valor que le otorga a este registro. Precisó además el alcance del calificativo de diarios “literarios”, delimitación que impone ciertas fronteras a su labor y guarda distancia con relación al diarismo más confesional.
“Un antes y un después” abarca el período de 2020 al 2022 y, por ende, el confinamiento de la pandemia. Oliveros vinculó el título con el impacto que tuvo la irrupción del COVID para la humanidad y, también, con lo que significó el exilio en el plano personal y familiar. El volumen correspondiente a sus diarios literarios de los años 2023, 2024 y 2025 ya está editado y en proceso de próxima publicación.
El autor fue categórico al afirmar que no puede ser diarista quien no esté dispuesto a escribir con frecuencia prácticamente diaria. Aunque la premisa no deba tomarse con rígida literalidad, el mensaje es inequívoco: no se escribe un diario sentándose una vez por semana o cada quince días. Aquel fue el momento más aleccionador de la velada para mí; porque ahora lo confieso: he venido acariciando la idea de emprender un proyecto de diarismo político.
Al escribir estas líneas, caigo en la cuenta de que en mi inconsciente gravitaba otro estímulo para acudir al evento: deseaba conocer de cerca la experiencia de un auténtico diarista. Nuestra historia patria desde finales del siglo pasado se asemeja a una montaña rusa; con su interminable vaivén de expectativas, avances y retrocesos, ha generado un escenario político que nos incita hacia la idea de su registro cotidiano. Máxime ahora cuando el refrán <<tanto nadar para morir en la misma orilla>> resume el sentir de muchos compatriotas —la presentación del libro ha coincidido con la reunión de la usurpadora Delcy Rodríguez con Trump y su intervención en la Asamblea General de las Naciones Unidas—. Oliveros no se inhibió de reflexionar sobre su amargo desencanto de cómo hemos llegado adonde hemos llegado: <<un colonialismo posmoderno>>. Hizo referencia a su incursión en el diarismo político con “Anales de la Revolución”, obra reconocida como una especie de bitácora intelectual de la deriva del país durante el proceso bolivariano. Sentí con sus palabras que mi secreto deseo estaba siendo sobre estimulado, sin embargo también su pauta quedó clara: disciplina férrea; algo que me ha faltado en mis pretensiones de aprendiz de escritor.
No caben dudas. Es un momento propicio para iniciar el diario político que documente desde mi conciencia el escape de Venezuela de la pesadilla chavista, lo cual supone todo un desafío. No sé aún si emprenderé tan demandante proyecto, pero en estas líneas, como si perteneciesen a un diario, queda plasmada la chispa de una intención.
Al término del encuentro tuvimos ocasión de conversar brevemente. Recordamos a Daniel Labarca —mi querido profesor y su <<hermano de vida>>, como Alejandro me confió con afecto—. También saludé a su esposa, la Dra. Eileen Celis, profesora jubilada de la cátedra de Salud Mental de nuestra alma máter. El <<Gran Carlucho>> (Dr. Carlos Rojas Malpica), otro amigo común, emergió en el diálogo a propósito de su designación como profesor honorario extraordinario por la Universidad Peruana Cayetano Heredia. Se produjo anoche un regocijante ambiente de venezolanidad impregnada con gotas de “ucismo” y, al salir de la librería, experimenté una agradable sensación. Finalmente había conocido a Alejandro Oliveros, un venezolano admirable que transmite la serena ecuanimidad de quien ha consagrado su existencia a trabajar con plenitud y máxima exigencia la gran pasión de su vida: ¡ser escritor!
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