Mi diario político -9-
28/10/26
Por
Asdrúbal A Romero M
Nos encontramos en la etapa de CONTROL DE DAÑOS

Lunes 26 de octubre de 2026
Ayer domingo se celebró el clásico de la liga española, Real Madrid versus FC Barcelona. Mientras transcurría el electrizante partido, estaba pendiente de los acontecimientos en Venezuela: había terminado la espera por el regreso de María Corina; ya se encontraba en ruta desde Barquisimeto hacia Caracas, en un tránsito que se convirtió en un multitudinario recibimiento. A la alegría del triunfo de mi equipo se sumó otra mucho más grande y sanadora para mi adolorida alma patriótica; ya en la madrugada me tomé el whisky más sabroso de todos estos años viendo en NTN24 cómo el retorno se producía de la mejor manera soñada.
Su regreso hace tambalear el tablero político, hasta el punto de que nadie sabe a ciencia cierta qué podrá ocurrir en los próximos meses. Prefiero, por el momento, no entrar en el campo de los pronósticos. Albergo mayor interés por analizar la reacción de la administración Trump, y no soy el único. Mientras NTN24 mostraba los videos del fervor popular esta madrugada, desplegaba en simultáneo un panel con varios expertos opinando sobre cuál había sido el papel de los Estados Unidos con respecto al acontecimiento. Algunos exponían argumentos sobre un supuesto cambio de opinión de Trump, motivado por la conveniencia política de cara a las elecciones de medio término. ¡Ojalá resulte así!
Voy con mi análisis. Estableceré como premisa que Trump y los bolichicos que han cerrado acuerdos petroleros con su entorno habrían preferido una actitud más resignada y silenciosa por parte de María Corina, mientras esperaba el momento de que las elecciones se dieran. «Lo que tiene que hacer es quedarse tranquila mientras Rubio trabaja por ella y le entrega en bandeja de plata su candidatura presidencial», me llegaron a decir varios opinadores. Pero nuestra lideresa no está hecha con ese tipo de madera —la razón principal por la que me identifico con ella—.
Ella intentó convencerles de que la forma como estaban instrumentando la transición no era aceptable, no lo logró y, en la medida que fue observando sus avances en esa dirección incorrecta, se convenció de la necesidad de convertirse ella misma en un vector resonante de opinión contraria a tal proceder. Toda su trayectoria de lucha que, además de valerle un premio Nobel de la Paz, le ha permitido alcanzar un estatus en el ámbito internacional de mucho respeto a sus posiciones políticas, le hizo posible que con pocas entrevistas y apariciones en medios de reconocido prestigio lograra su cometido.
María Corina se convirtió en «una piedrita en el zapato» a los efectos de las intenciones que ha tenido Trump con Venezuela. No solo logró apoyos internacionales, sino también a nivel del Congreso de los Estados Unidos y de grupos con poder al interior del Partido Republicano. Le había entregado su confianza al presidente en un candoroso gesto, sazonado con algo de exceso de ingenuidad política —esta es mi opinión tomando en cuenta las características del personaje—, pero no dudó en retirársela, al menos parcialmente, cuando los hechos le señalaron el deber de hacerlo en defensa de la Patria.
Siendo, entonces, coherente con lo que he escrito en anteriores entregas de este diario, no creo que a los promotores del plan actualmente en curso con Venezuela les haya hecho muy felices el retorno de María Corina. No lo están; sin embargo, por razones políticas, no pueden admitir su genuino sentimiento, sino aplicar la táctica de control de daños. No les conviene tomar distancia o cuestionar abiertamente su retorno a la Patria, pues ello les acarrearía un costo político insostenible ante el electorado de Florida y la comunidad internacional.
Sin duda alguna, nos encontramos ahora mismo en una ETAPA DE CONTROL DE DAÑOS. El próximo día documentaré, de manera más detallada, cómo se están aplicando los recursos usualmente usados bajo este enfoque táctico en el caso venezolano.
Martes 27 de octubre de 2026
En política, el control de daños se aplica cuando tu rival tiene un logro que es abrumadoramente popular y de sentido común para la opinión pública; que además sabes que no puedes oponerte frontalmente, aunque vaya en contra de tus intereses, porque te implicaría un costo político demasiado alto. Es así como en Venezuela las circunstancias están perfectamente dadas para la aplicación de los recursos típicos del control de daños. Uno de ellos es la apropiación retroactiva del éxito (Claiming credit). Veamos: en el comunicado que la Secretaría de Estado emitió en paralelo con el recibimiento, no se limitó a celebrar la noticia, sino que reformuló el hecho. Sostuvo que las condiciones para su retorno seguro fueron el «resultado directo de las conversaciones de reconciliación apoyadas por los Estados Unidos».
¿Qué se persigue con la aplicación de esta fórmula? Reducir lo máximo posible el rédito político del adversario. En el caso que analizamos: el mérito deja de ser un desafío al tablero mediante un acto de excepcional audacia y pasa a ser un logro de la mediación estadounidense. Es pertinente aclarar que no considero a María Corina y Marco Rubio como adversarios naturales en el teatro más amplio de un juego político legítimo, pero sí lo son en el subjuego de los intereses bastardos, puesto que ella se opone a los suyos —o a los de su jefe, a los que él como funcionario se ve obligado a defenderlos—.
Trump, que no puede evitar ser como es, dice cuando le preguntan sobre el regreso de la lideresa que espera que le vaya bien, un despechado «allá ella», y su narcisismo le conduce a narrar por enésima vez el cuento del regalo que ella le hizo de su medalla del Nobel —este es el gesto al cual me referí con anterioridad—. Obviamente, no está feliz, pero no le pidamos a su incontinencia verbal que efectúe control de daños, pues de esto se encarga el funcionario. Rubio intentó también desactivar la sospecha del bloqueo de su regreso a Venezuela en posteriores declaraciones: afirmó que ya había exigido su retorno «hace semanas y semanas» y que sólo se sugirió prudencia puntual en momentos de fuerza mayor como emergencias o crisis específicas. Esta aseveración sintoniza estupendamente bien con la declaración de la esperpéntica Delcy: «podría haber llegado por cualquier aeropuerto, ya lo habíamos autorizado, y ahorrarnos el espectáculo». ¡También alude a semanas! Como pueden ver, el objetivo compartido es rebajar los méritos de la valiente acometida de María Corina. ¡Esto es CONTROL DE DAÑOS!
Habrá que esperar lo que nuestra lideresa pueda comentarnos en relación con el rol que jugó Estados Unidos en su regreso, pensarán al leer esto. Por mi parte, solo espero parquedad al respecto. Ya Pedro Urruchurtu, director de Relaciones Internacionales de Vente Venezuela, emitió un comunicado expresando: «su reconocimiento al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al secretario de Estado Marco Rubio, al Congreso norteamericano y a gobiernos aliados por el respaldo diplomático que hizo posible su reingreso al país».
La explicación para tal agradecimiento, que a muchos puede resultarles sorprendente, estriba en que María Corina también sabe implementar estrategias de control de daños. Ya logró «torcerles el brazo». Alcanzó la mejor de las victorias a las que se puede aspirar en política: esa que se obtiene cuando tus adversarios se ven obligados a aceptar una acometida de tu parte con la que estaban en desacuerdo —la más rotunda es cuando ellos mismos se encargan de ejecutarla—. No es sabio, entonces, continuar ahora en la pelea con ellos. Les está diciendo que no desea hacerlo, sino que más bien requiere de su ayuda, y les ha mostrado algo invalorable: la descomunal conexión emocional que tiene con su pueblo. Su regreso hizo visible una realidad política que Washington no puede ignorar: Venezuela cuenta con una figura cuya legitimidad no depende de ellos ni de su participación en impuestas mesas de diálogo y que, además, posee una máxima potencialidad para la movilización ciudadana.
Por supuesto, Rubio intentará disciplinar el nuevo escenario; de hecho, en su comunicado, al enmarcar el regreso dentro del proceso de diálogo multilateral, ya envía un mensaje implícito: todos los actores políticos deberán alinearse con esa vía de negociación pacífica. El objetivo es claro: limitar el margen de maniobra de la «retornada» a fin de evitar una ruptura unilateral de la hoja de ruta que Washington viene tutelando. ¿Qué pasará? Solo sabemos que no va a ser fácil. La puja continuará porque concurren poderosos intereses de naturaleza económica; quizás se extienda hasta finiquitado el mandato de Mr. Trump, a menos que el pueblo ruja con fuerza. Hay una nueva partida y en ella puede ocurrir cualquier cosa, hasta una fuga a tiempo de los Rodríguez.
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