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Mi diario político -8-

23/10/26

Por

Asdrúbal A Romero M

Una cita importante: la convocatoria de este 22/10

 Jueves 22 de octubre de 2026


Una cita importante


En Venezuela todavía muchos duermen mientras escribo estas líneas. Hoy es un día trascendental para nuestras posibilidades en el corto plazo como nación libre. María Corina Machado y los demás líderes de la Plataforma Unitaria Democrática (PUD) han convocado a movilizaciones simultáneas a las 4:00 p. m. en las principales ciudades de todos los estados del país. La fecha resulta emblemática: hoy se cumplen tres años de las primarias en las que se resolvió una cuestión fundamental, a saber, a quién deseábamos los venezolanos al frente del proceso para liberarnos del régimen chavista.


La elección que surgió de aquellas urnas, impregnadas de un profundo fervor popular, fue prácticamente unánime y el reconocimiento de su legitimidad mantiene hoy plena vigencia. Esta fecha constituye un hito fundamental en nuestra historia reciente, la cual comenzó con las demostraciones de apoyo y movilización que concitó María Corina al visitar los pueblos andinos y diversas zonas rurales. Cuando todo se vislumbraba perdido, la esperanza comenzó a reverdecer. Se produjo un contagio progresivo desde la periferia rural hacia las principales ciudades: un desconcertante arranque para una inesperada ruta que transitó desde las primarias hasta la gesta del 28J. El momento que hoy vivimos, crucial y difícil, no habría sido posible sin la hermosura de esa alianza muda forjada en el coraje y el atrevimiento.


Probablemente no esperábamos que hoy todo volviera a percibirse tan asombrosamente difícil. Se superan etapas solo para encontrarnos con nuevos obstáculos. Un exalumno, al comentarme una de las entregas recientes de este diario, se preguntaba por qué a Venezuela le resultaba tan esquiva la ruta hacia la añorada libertad. Pienso que es precisamente esta sensación de estupor la que le otorga un carácter trascendente a la convocatoria actual.


Nos jugamos mucho hoy. Lo que logremos avanzar en los próximos meses dependerá en gran medida de que demostremos nuestra determinación para luchar hasta el final. Debemos transmitir energía a nuestra líder y dejar claro que estamos dispuestos a acompañarla. Ella, siempre con su carisma, procura infundirnos ánimo; sin embargo, ahora es ella quien necesita el nuestro, pues la coyuntura que le toca atravesar es especialmente compleja.


Un crucial dilema debe de haberla torturado estos últimos meses. Callar ante el errático rumbo de la supuesta transición le suponía un progresivo desgaste político, mientras que manifestar su desacuerdo, como ya lo ha hecho, implica desafiar a un líder hipersensible a la crítica respecto de sus ejecutorias. Todo esto con el agravante de que, ante reacciones de Trump contrarias a nuestro interés, habría un sector que se encargaría de propagar el relato de la <<radicalidad>> o supuesta <<malacrianza>> de la indiscutible lideresa, como causa del daño perpetrado por el intemperante presidente a la transición.


Es menester recordar que durante varios años el liderazgo de María Corina no fue mayoritario en el ámbito opositor. En aquel prolongado debate sobre las posibilidades de una salida democrática por la vía de la negociación, ella siempre nos sostuvo una verdad incómoda: el régimen jamás entregaría el poder por las buenas. Quienes la adversaban aprovecharon esta postura para endilgarle una etiqueta de radicalismo que caló en un sector opositor significativo —se optó por creer en lo que era más tranquilizador creer—. El tiempo terminó demostrando que una porción relevante de esa dirigencia negoció beneficios particulares, mientras la dictadura se fortalecía de forma inaudita y la desesperanza se extendía por toda la nación.


María Corina tuvo que comprender que consolidar un liderazgo plenamente mayoritario exigía asumir la vía electoral, aunque fuese para demostrarnos, con evidencias irrefutables, aquello de lo que siempre estuvo convencida. Todos fuimos testigos de cómo emprendió ese camino. No obstante, sus adversarios no tardaron en cuestionarla por participar en las elecciones. <<¿No era que no creía en la vía electoral?>>, señalaban con sorna para minar su creciente respaldo popular. ¡Así funciona la política!


El alcance de su logro es bien conocido por todos los venezolanos. Jornadas memorables como la del 22O y la del 28J, pasando por la arbitraria inhabilitación de su candidatura, la postulación de Corina Yoris y el impulso definitivo a Edmundo González, el candidato potable para el régimen que resultó electo presidente. Sin embargo, hay quienes aún pretenden criticarla porque ni ella ni la organización política que lidera han conseguido <<cobrar>> la victoria, como si la responsabilidad de <<cobrar>> ese triunfo dependiera únicamente de ella y de su militancia, y no de la sociedad en su conjunto.


De los <<barros>> referidos en esta apretada síntesis, vienen los <<lodos de la malcriada lideresa>>. Cuando Trump intente aprovecharse aún más de nuestro golpeado país y mantener por más tiempo a la pusilánime Delcy — frente a sus imperiales deseos—, no faltará quien argumente que todo ha sido por su culpa, por su grandísima culpa. Desde su visita a la Casa Blanca para tributar un inmerecido reconocimiento a Trump a propósito del Nobel de la Paz, María Corina ha quedado ubicada, a su pesar, en un terreno de perder-perder: se pierde al guardar silencio ante las arbitrariedades y atropellos del magnate presidente o se pierde al sostener una postura de defensa patriótica frente a sus pretensiones. 


No ha sido sencillo transitar por ese movedizo tremedal, por lo que hoy requiere nuestro respaldo. Aunque ella siempre procura proyectar fortaleza, necesita sentir que comprendemos su encrucijada; que reconocemos lo complejo del camino y admiramos que ella, una vez más, haya optado por el camino de la verdad. Es imperativo transmitirle que si regresa al país la acompañaremos en una causa que nos pertenece a todos. Lo crucial del momento demanda que lo interpretemos en su justa trascendencia, equivocarnos en este sentido implica mayor riesgo de continuar deslizándonos durante varios años más por este insondable precipicio.






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