Mi diario político -3-
6/10/26
Por
Asdrúbal A Romero M
Los magos de la <<nueva política>>

Domingo 4 de octubre de 2026
Continuaré registrando mis reflexiones sobre el quehacer político, aunque no siempre dentro del contexto venezolano. Anoche vi una película: El mago del Kremlin del director francés Olivier Assayas. No la voy a analizar desde la perspectiva del arte cinematográfico; la crítica especializada le otorga pocas estrellas y coincido con esa valoración. Sin embargo, me fascinó, pues las obras de temática política despiertan en mí un interés especial.
Su guion está basado en hechos reales. El argumento le sigue la pista de un personaje de ficción, Vadim Baranov, fuertemente inspirado en Vladislav Surkov, a quien se le reconoce como el arquitecto intelectual del proceso político que consolidó al nuevo zar ruso, Vladímir Putin. De hecho, sus compatriotas solían referirse a Surkov como el <<nuevo Rasputín>>. A través del retrato de su ascenso y caída, el film nos ofrece una visión —ciertamente incompleta— de la transición rusa: desde el Gorbachov de la perestroika y el caos de la era Yeltsin, hasta la férrea dictadura imperial el exagente de la KGB.
La cinta aborda en simultáneo los grandes temas de la novela homónima de Giuliano da Empoli —galardonada con el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y finalista del Premio Goncourt—. A mi juicio, el tema más sugerente es la política entendida como un espectáculo teatral, televisivo o digital, donde la manipulación de los símbolos, la confusión deliberada y el control del relato importan mucho más que la verdad ideológica o el bienestar de los ciudadanos. Surkov provenía de ese mundo del teatro y la televisión. En la película se aprecia cómo el protagonista aprovecha todo ese bagaje escénico para convertirse en el gurú de una comunicación política en la que la verdad apenas cuenta.
La política orientada al bien común ha quedado relegada al olvido. La que se practica en la actualidad en potencias como Estados Unidos y Rusia, o en países golpeados como Venezuela donde tanto la hemos sufrido, se ha transformado en una adicción psicológica al control absoluto y a la dramaturgia del poder. Comprobar que es posible inventar la realidad, moldear los miedos colectivos y dirigir a un país entero como si fuera una función en horario de máxima audiencia resulta profundamente adictivo. Es preciso ver la película para asimilar a plenitud el alcance de esta dinámica.
Lunes 5 de octubre de 2026
<<Diego Rubio, el monje de Pedro Sánchez>>; así rezaba un titular acompañado del subtítulo: <<arrogante y con muchos enemigos, el que tapó Ceuta con Maricarmen>>. Lo primero que pensé al ver la portada de esa crónica titulada de esa manera fue: ¡Qué casualidad! Apenas antenoche me he enterado de la existencia del <<mago>> de Putin y ahora descubro que el presidente de España también tiene al suyo. Acto seguido me dije: alguna misteriosa coincidencia me sugiere que debo escribir sobre esto. Este tipo de sincronías suelen surtir ese efecto en mí. Lunes por la mañana y en la panadería de mi barrio aún no habían retirado el suplemento dominical del diario El Mundo[i]. ¡Como si lo hubieran dejado allí expresamente para que lo leyera!
En el Reino de España, desde hace más de un lustro, toda la política gubernamental se vertebra en torno al control del relato. Sánchez contó con un primer jefe de gabinete encargado de gestionar esta narrativa, Iván Redondo, bautizado en su momento como el <<mago>> por sus golpes de efecto demoscópicos y comunicacionales. Sin embargo, los <<magos>> también caen en desgracia. Redondo fue sustituido por Óscar López, de perfil más orgánico de partido pero insuficiente para el reto. Con el nombramiento de Rubio, el presidente retornó a un perfil más técnico, por cuanto articular la narrativa pública no es tarea simple ni al alcance de cualquier político. Sus aciertos lo han posicionado como el nuevo cerebro en la sombra.
En el Palacio de la Moncloa, se le considera un maestro en la ingeniería del relato. Salió ileso de crisis como la Dana en la Comunidad Valenciana en 2024 o el apagón de 2025. Se le atribuye asimismo la proyección internacional de Pedro Sánchez, a quien le favorece el escenario exterior por su fluido inglés y su pretensión de erigirse en la voz contestaria del progresismo mundial frente a Trump e Israel. A sus 40 años, Diego Rubio es el todopoderoso jefe de Gabinete de la Presidencia. Se define a sí mismo como <<no político>>. Licenciado en Historia, doctor por Oxford y fundador de la Escuela de Política, Economía y Asuntos Globales en la IE University de Madrid, encarna la figura del <<mago>> proveniente del ámbito académico.
Sin embargo, con la crisis de Ceuta no le ha ido tan bien. Sus habilidades narrativas han resultado insuficientes para maquillar las severas y penosas deficiencias en la gestión gubernamental de la crisis ceutí. Tras siete semanas de agrias críticas, halló una ventana de oportunidad con el desahucio de una anciana de 87 años, Maricarmen. La ocasión perfecta para aplicar una de las máximas comunicacionales de este selecto club de estrategas: si un tema está perjudicándote en la opinión pública, sepúltalo bajo otro que te resulte más propicio. Esto fue, precisamente, lo que implementó Rubio al instrumentalizar la tragedia de una anciana para desviar el foco mediático desde Ceuta hacia el debate sobre la vivienda.
Aunque el gobierno acumula ocho años de pésima gestión en materia de vivienda, ya se encuentra en una nueva dinámica y buscará las circunstancias propicias para apelar a alguna otra técnica de manipulación, o una sinérgica combinación de ellas, para pasar de página. Y así, de crisis en crisis. En El mago del Kremlin se exponen algunas de las estrategias que se enseñan en la escuela de la <<nueva política>>: el financiamiento simultáneo de movimientos antagónicos, la creación de falsas oposiciones para su posterior desmantelamiento, entre otras. El repertorio es amplio en el arte de la <<Confusión deliberada>>; en definitiva, el juego político consiste en dinamitar la noción misma de verdad.
A fin de valorar el alcance de esta realidad, conviene recordar el título de la tesis doctoral de Rubio: La ética del engaño: secreto, transparencia y mentira en los orígenes del pensamiento político moderno. En ella investigó sobre la historia del engaño político, las apariencias y las técnicas discursivas de persuasión u ocultamiento en la Europa moderna. Es decir, lo que hoy denominaríamos relato, posverdad o, incluso, bulos. Cualquier parecido con la realidad actual es pura coincidencia.
[i] https://www.elmundo.es/cronica/2026/10/03/6abff6b3fdddffa9228b4572.html
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