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El ICE en Florida

13/9/26

Por

Asdrúbal A Romero M

Sobre los atropellos de la policía migratoria de Trump

Sábado 12 de septiembre de 2026


En los últimos días han circulado en redes sociales un sinnúmero de denuncias sobre lo que ocurre en Doral, una de las ciudades del área de Greater Miami, conocida cada vez con mayor frecuencia como “Doralzuela”. Se agradece el esfuerzo en este sentido que vienen desplegando reconocidos periodistas venezolanos como Sergio Novelli, Carla Angola, etc.


Patrullas negras del ICE —siglas que identifican a la agencia federal de los Estados Unidos de América encargada del Inmigration and Customs Enforcement recorren las calles de esta localidad con la finalidad de aprehender a miembros de la comunidad latina y encauzarles hacia un proceso de deportación forzada.  Las víctimas son en su mayoría de origen venezolano. Se estima que el 40% de la población de Doral —83000 habitantes— son compatriotas. El ICE ya no detiene a delincuentes, sino a personas normales, como usted y yo, que tienen pendiente todavía la resolución judicial de sus solicitudes de asilo político. Es decir: sin importar que el lento sistema de justicia americano ni siquiera les haya informado sobre el status de su solicitud, el aprehendido va preso sin posibilidad de protesta. Es dirigido hacia un centro de detención del ICE y si no dispone de unos veinte mil dólares, el estimado de lo que se requiere para pagar gastos de abogados y fianza, de allí saldrá a los meses transportado hacia un destino inimaginado, como bien pudiera ser Nigeria.


Lo primero que me pregunto, habiendo vivido en los EUA dos años en los setenta del siglo pasado: ¿Qué ha ocurrido con el otrora gran país del celoso respeto a las leyes? No es la primera vez que surge en mi mente tal interrogante. Con motivo de la liberación por parte de la administración Biden del delincuente Alex Saab, ya tuve sospechas de que la admirada democracia daba señales de decepcionante deterioro. Visionada por sus padres fundadores sobre el sólido principio de John Locke: “la separación de poderes no responde sólo a una más eficiente especialización de funciones, sino a la necesidad de limitar el poder público a los fines de impedir su abuso”, la entrega a Maduro de su testaferro constituyó una clara indicación, de que la democracia americana había comenzado a transitar rutas más propias de los populismos políticos tan en boga hoy día. Escribí[i]: <<Que el poder ejecutivo pueda irrumpir, como elefante en cristalería, en un proceso judicial que no ha sido completado y liberar a un imputado de tan graves delitos, como en este caso, para entregarlo en un proceso de canje de rehenes negociado con una dictadura de ínfimo nivel, me ha producido desconcertante asombro.>>


Este asombro lo revivo todos los días cuando observo en las noticias que Diosdado Cabello, objeto de una orden de búsqueda y captura por parte de la justicia de Estados Unidos —con el añadido de una recompensa de 25 millones de dólares por información que conduzca a su arresto—, es reconocido por la administración Trump como actor principal y socio en esa desviada transición que vienen diseñando para nuestra pobre patria. Cuando lo de Saab lo advertí: si el Presidente puede entrometerse en los procesos adelantados por el poder judicial para liberar culpables, también lo puede hacer para crearlos con fines políticos. Entonces: ¿Son Maduro y Cabello realmente delincuentes, traficantes de drogas como lo ha señalado la DEA, o cabezas de turco para facilitar el logro de objetivos inconfesables? Obviamente, los venezolanos no abrigamos dudas al respecto: son perversos asesinos. No obstante, debe reconocerse que la duda puede caber a los efectos de la opinión pública internacional.


Estas contradicciones o incoherencias que he señalado, reflejan que las bases fundacionales de la otrora democracia ejemplar para el Mundo se han resquebrajado. La irresistible tentación que aqueja al gran señor de los relatos en el planeta, Mr. Donald Trump, de perseguir el ejercicio de un poder populista incontestable continúa, de manera natural, remachando la vulneración del tan deseado imperio de la Ley.  Esta es la nueva atmósfera de valores que propicia los atropellos que el ICE acomete en contra de inocentes ciudadanos venezolanos que, transitando justamente el camino que las leyes le permitían, alinearon los propósitos de una segunda vida en la quimera del gran país de las oportunidades.


Esa atmósfera genera miedo. ¡Terror! Padres que no llevan los hijos a sus colegios. Mayores que permanecen enclaustrados entre cuatro paredes. Ciudadanos trabajadores, contribuyentes fiscales activos, copartícipes del desarrollo económico en su entorno, que salen con el corazón en la garganta a ganarse la vida porque no les queda más remedio. El miedo también es para los jueces. El miedo también es para los políticos, gobernadores, senadores, congresistas, alcaldes, gente a la que les encantaba presentarse como genuinos representantes de sus respectivas comunidades. Ahora, enmudecen, evaden pronunciarse sobre lo que critican sotto voce. Prefieren pasar debajo del radar con tal de no enfurecer a quien pudiera erigirse en el gran mentor o destructor de sus carreras políticas.


También observo miedo en la oposición venezolana. Más notable en aquellos con mayor rodaje de trabajo político en los EUA, pero a estas alturas, generalizable a toda la oposición en su muy diverso espectro. La población venezolana en toda el área metropolitana de Miami puede andar cerca de las doscientas mil personas, una cantidad mayor que la de muchas de nuestras ciudades. ¿Qué pasa? ¿No merecen ser defendidos? ¿Perdieron su dignidad como ciudadanos venezolanos? Es de suponer que nadie estará esperando que el “Rodrigato” les defienda. Si mucho, intercederán con sus privilegiados contactos por sus protegidos en Doral, que también los hay, o dondequiera que se hayan infiltrado.


El miedo político de enfrentarse a Trump es comprensible, pero habrá que saber medirlo, porque el ensordecedor ruido de los silencios complacientes ante lo de hoy, y lo peor que pudiera presentarse mañana, también puede ir haciendo mella en la carcasa moral del liderazgo político. No sé por qué, es como un destino que me persigue. Siempre me conduce a hablar sobre “los silencios complacientes u omisivos”. Ya me correspondió hacerlo con relación a la maloliente política que se practica en mi querida alma máter.


Es moralmente inadmisible un castigo de incierto e incomensurable potencial dañino sobre toda una familia, cuando el sistema no ha alcanzado a demostrar la violación de una ley.  Esta es una verdad de Perogrullo. No se puede castigar a presuntos inocentes, por la indolencia del silencio administrativo que por tantos años ha operado en el aparato judicial americano. Muchos llegaron a convencerse de que tal silencio era un gesto de comprensión implícito ante nuestra tragedia. Juro que me lo llegaron a decir. La pretensión de declarar culpable sin juicio a nuestra gente tiene que ser combatida de manera valiente. Sin pensar en los riesgos, porque la violación de sus derechos humanos es tan evidente, que pecar por omisión es ese tipo de cobardía que puede reducir el pedestal de cualquier líder por muy encumbrado que esté.


En definitiva, los atropellos del ICE contra la comunidad latina han sido escenificados en todo el ámbito nacional, aunque en este texto el foco lo haya colocado, por razones obvias, en el Doral y el sentir de los venezolanos que allí residen. Su reducido tamaño ha influido para que el impacto del accionar de esta fanática policía migratoria se haya evidenciado de manera grotesca, como si un médico de las políticas públicas hubiese puesto una lupa sobre la llaga. Doral, una pequeña y simpática ciudad, muy animada y con una llamativa actividad deportiva—familiar los fines de semana, es ahora mismo un desierto.


Calles y negocios vacíos. Pequeños y medianos empresarios llorando su quiebra económica. Muchos de ellos venezolanos, así que la pena sin juicio se les aplica por múltiples vías y es despersonalizada. Todos pagan un karma transmitido desde un súper ego. Hasta la ciudadana alcaldesa, Ms Christi Fraga, cubana—estadounidense y republicana, reconoce en entrevista concedida a Carla Angola que el impacto está siendo brutal. Doral es hoy un pequeño laboratorio que muestra como un país se va rompiendo. Y yo, que aprendí a querer a ese país en su grandeza, me pregunto: ¿Cómo puede ser posible que desde un poder unipersonal se pueda irradiar tanto daño sin que surjan fuerzas colectivas que lo contengan? Es muy triste. Lo es para los Estados Unidos de América. ¡Y lo es para la Humanidad!


[i] https://www.asdrubal-romero-blog.com/news/decepcionante-usa





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