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Lo último de Richard Linklater

18/12/25

Por

Asdrúbal A Romero M

Reseña de Nouvelle Vague y Blue Moon, las más recientes entregas de Linklater, ya nominadas en los Golden Globes.

Tramo final del 2025: época para el estreno de la mayoría de las películas que estarán compitiendo en la temporada de premiación del 2026. También, para la publicación de múltiples listas contentivas de las mejores películas del año por parte de diversas organizaciones o medios de comunicación social. De hecho, ya fueron dadas a conocer las nominaciones para los premios Globos de Oro -Golden Globes- cuya ceremonia se celebrará el próximo once de enero: pistoletazo de arrancada a la ya tradicional secuencia de actos de reconocimiento a la excelencia cinematográfica: Critics Choice Awards, BAFTA (Reino Unido), Césars(Francia), Goya (España), Independent Spirit Awards, SAG Awards(Sindicato de actores de los Estados Unidos) y los flamantes Óscars. Me ha llamado poderosamente la atención que uno de los directores a los que le vengo haciendo seguimiento desde su aclamada Boyhood (2014) -7.9 en IMDB-, Richard Linklater, tenga incluidas a dos de sus cintas estrenadas este año en la lista de los Golden Globes. Ya he tenido la oportunidad de verlas.


Me estoy refiriendo a Nouvelle Vague y Blue Moon, 7.3 y 7 respectivamente en IMDB. Son dos realizaciones muy particulares, en el sentido de que no serán del gusto de todos, pero ambas son obras de innegable valía como manifestaciones artísticas. Nouvelle Vague es un homenaje al movimiento creado por un grupo de jóvenes críticos de Cahiers Du Cinéma, los más emblemáticos: Jean Luc Godard, François Truffaut y Claude Chabrol, que un buen día optaron por pasar de escribir sobre cine a rodar películas rompiendo con los esquemas tradicionales. Linklater recrea la filmación de A bout de Souffle-Al final de la escapada (1960), 7.7 en IMDB-, dirigida por Jean Luc Godard y con actores como Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg. ¡No es un documental! Tampoco es un biopic de Godard. Linklater se aboca a hacer una película, con nuevos actores, que es en sí misma una ficción sobre cómo pudo haber sido el rodaje, un tanto anárquico de una película de finales de los 50 que se ha convertido en un film de culto, muy representativo de lo que ha significado en la historia de la cinematografía la tendencia de la nouvelle vague francesa.


Estamos hablando de cine dentro del cine. Linklater apela a la estética del cine francés de aquella época, por eso rueda en un hermoso blanco y negro. Recrea la aparición de ideas:  cámara en mano, montaje abrupto, rodajes en la calle, actores hablando como personas reales, que hoy día son normales, pero que en aquel entonces constituían enfoques muy revolucionarios. El foco central está puesto en Godard, pero no lo idealiza. Se le muestra brillante, pero también como un personaje un tanto caótico, arrogante y contradictorio. Nouvelle Vague es un film que los cinéfilos le apreciarán mejor. No está construido sobre una estructura narrativa clásica, va más de momentos, discusiones, intuición. Todo muy “linklateriano”.


El director reconoce, mediante su homenaje cinéfilo, que él también ha bebido mucho de la influencia irradiada por la nouvelle vague. A mí me gustó, pero su dispersión ex profeso también me generó aburrimiento en ciertos tramos de la película. Sé que estoy cometiendo un pecado, pero es el momento de reconocer que no soy muy del cine clásico. Disfruto inmensamente del cine, pero no soy un estudioso sobre él, ni deseo serlo. No veo las películas de Chaplin. Ni acudo a la cineteca de Madrid a ver los clásicos de los 30 y los 40. Dicho esto, que mis amigos cinéfilos, que son bastantes, me condenen a la hoguera, ¡forever and ever! Nouvelle Vague, la obra de Linklater, es una joya artística, además muy instructiva y culturizadora, pero no es mi tipo preferido de película.


Hit Man (2023) -“Asesino por casualidad”, 6.8 en IMDB- fue la anterior entrega de Linklater. Una película que me encantó, con una historia muy original e inteligente y una deliberada intención a sintonizar con el gusto del gran público. Muy distinta a las dos que reseñamos en este texto, lo que evidencia la capacidad de Linklater como director para abarcar registros cinematográficos muy diversos y no dejarse encasillar rodando films del mismo estilo. Con Blue Moon, radicalmente distinta a Nouvelle Vague, reafirma esa capacidad.  También es una película de época, pero ambientada en el New York de los 40 del siglo anterior. Toda su trama se desarrolla en el icónico bar Sardi´s, ubicado en el distrito teatral de Broadway, la noche del 31 de marzo de 1943 en la que se produjo el estreno del musical Oklahoma!, el primero de una larga secuencia de grandes éxitos de una de las asociaciones más influyentes de la historia del teatro musical: la dupla Richard Rodgers (música) y Oscar Hammerstein II (letras y libretos).


Pero antes de Hammerstein, el letrista de Rodgers había sido Lorenz Hart, el personaje central de Blue Moon. La dupla Rogers y Hart había dominado el Broadway de los años 30, creando para la posteridad piezas clásicas como My funny valentine, The lady is a tramp, Isn’t it romantic? y la que le da título a esta cinta. El filme transcurre casi en tiempo real durante esa única noche, en la que Hart, interpretado magistralmente por Ethan Hawke, enfrenta la concreción pública de su ruptura con Rodgers y la llegada de una nueva etapa artística. Hawke ya ganó su primera nominación (Golden Globes) por mejor actuación masculina en esta cinta. Le corresponderá competir con Jesse Plemons por Bugonia, y desde ya les digo que Hawke es mi favorito para ganar, así de grande es su performance en Blue Moon.


Esta cinta de Linklater bien podría tener su origen en un texto escrito para teatro, pero no es así. El guion es original y contentivo de largos diálogos. En la primera escena, Hart llega al bar, se ha salido del estreno antes de que finalice, corroído por su despecho. Se supone que más tarde llegarán, a ese mismo bar, todos los miembros del equipo de Oklahoma! para celebrar el estreno y esperar las primeras ediciones de los periódicos con los temidos críticos contando cómo les pareció la obra -un termómetro decisivo en aquellos tiempos del éxito o el fracaso-. A través de las conversaciones del relegado Hart con su bartender de confianza, se va destilando toda su amargura. Es un personaje complicado con tendencias al alcoholismo y conducta bisexual, lo cual en el 1943 representaba todo un problema porque estaba criminalizada la condición de ser gay. La forma como se va construyendo un personaje, que es una mezcla de tipo muy ocurrente, culto e inteligente pero con propensión hacia el comportamiento autodestructivo, constituye un magnífico logro para la dupla Linklater y Hawke. Por supuesto, el espectador necesita meterse en el contexto, comprenderlo, para poder empatizar con Hart. Me atrevo a decir que no todos le pondrán el mismo empeño a la tarea.


Hacia el final, hay una escena, otro largo diálogo con una joven protegida de Hart de la cual él “dice” estar profundamente enamorado -más ensoñación que realidad-. Es uno de esos momentos de cine gratificantes que hacen que una película valga la pena verla.  Por cierto, este personaje es interpretada por Margaret Qualley, la misma actriz que trabajo con Demi Moore en “La sustancia”, cuya presencia y actuación le añaden un punto de brillantez a Blue Moon. En definitiva, estas dos recientes entregas de Linklater son buenas películas que conseguirán sus respectivos segmentos de público a los que les fascinarán.  En otros, despertarán cierta indiferencia. En lo que atañe a la filmografía de Richard Linklater, Boyhood continuará siendo, por amplio margen, mi preferida.





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