Óscars 2026: mis consideraciones
15/2/26
Por
Asdrúbal A Romero M
Un paseo por mis preferidas entre las diez nominadas al máximo galardon de la tradicional noche

Valor Sentimental
Con los años de ser cinéfilo, me he reafirmado en la convicción de que uno de los desafíos más difíciles en la realización de una obra cinematográfica es lograr que el espectador capte ese tumulto interior que arrastran los personajes, cuya complejidad —y la forma en que se expresa en su conducta externa— la mayoría de las veces se nos muestra que ni ellos mismos alcanzan a comprender. Esa develación de lo que ha marcado recónditas regiones de sus mentes, y su conexión con lo que vemos en la sala mientras la historia nos mantiene en vilo, es una cima que pocos directores alcanzan. Mi favorita entre las nominadas al Óscar 2026 como mejor película: la cinta noruega de Joachim Trier —Valor Sentimental—, en mi opinión logra lo que muy pocas veces es conseguido.
Es un drama familiar: un padre y sus dos hijas, la incomunicación entre ellos. Siendo tres seres humanos muy sensibles, por cierto excelentemente personificados por Stellan Skarsgåd, Renate Reinsve e Inga Ibsdotter Lilleaas —cada uno de ellos nominado en su respectivo renglón de actuación—, uno comienza a preguntarse desde el velorio de la madre, inicio de la historia, ¿qué puede haber pasado para que se hayan instalado esas barreras? La estructura narrativa del film es como la de una cebolla. En la medida que sus capas van desgajándose, nos vamos adentrando en la radiografía psicológica del trío, en un despliegue maravillosamente hilado que nos conduce al entendimiento del por qué esa distancia entre tres seres que se aman tanto. Todo tiene que ver con los traumas que a cada uno corresponde acarrear.
En Valor Sentimental cohabitan otras tramas paralelas con importantes mensajes, pero yo me centro en destacar el desencuentro comunicacional al interior de ese núcleo, que no se escenifica a través de virulentas discusiones sino breves reclamos, esquivos tal vez, pero con similar resonancia. Es lo que más me hizo pensar y me motivó a verla por segunda vez con pocos días de separación —lo que poquísimas veces he hecho—. No se me escapa que el motivo de mi clara preferencia, por encima de otra gran película como lo es Hamnet, pueda estar vinculado a un contexto de reflexión personal más propio de personas de mi generación a esta edad. Me atrevería a decir que nuestros padres y la mayoría de quienes le sucedimos, anduvimos por la vida sin tomar conciencia de las imperfecciones en nuestro comportamiento que podrían haberse generado a raíz de la relación con nuestros antecesores, ni de las que podríamos estar generando en nuestros sucesores como consecuencia de las nuestras. Es como una cadena llena de posibilidades traumáticas que en estos tiempos está más bajo la lupa. Ahora, el psicoanalista está a la vuelta de la esquina para quienes pueden pagarlo. Y aunque los que ya vamos de ida, no solemos tener la misma motivación para revisar lo vivido, una película como Valor Sentimental puede sentarnos en el diván cuando menos lo esperamos. Esa es su gran virtud y lo que confiere inédita brillantez a la obra de Trier.
Agente secreto
Si considero la representación noruega mi preferida en la pelea por el máximo galardón de la noche de los Óscars, no puede extrañar a nadie mi sorpresa al verla superada por Agente secreto en los Golden Globes, en los cuales la cinta del director brasileño Kleber Filho Mendonça fue premiada como mejor película internacional. Aunque me alegra que por segundo año consecutivo se haya incluido en las nominadas a una producción latinoamericana —Agente secreto también aparece entre las diez finalistas—, considero que esta recomendable película no tendrá la presencia ni el impacto que sí tuvo el año pasado Aun estoy aquí del director Walter Salles. La diferencia en quilates cinematográficos entre ambas es notable. Si bien Kleber Mendonça logra desplegar, a lo largo de las dos horas cuarenta minutos que dura su film, un excelente retrato costumbrista del modo de ser de los brasileños, en mi opinión es poco lo que aporta al tratamiento de una temática ya convertida en cliché del cine latinoamericano. Su actor principal, Wagner Moura, también laureado en los Golden Globes, logra una buena actuación que, sin embargo, no le dará los créditos suficientes como para competir con Ethan Hawke —en Blue Moon— o Timothée Chalamet —en Marty Supreme—, mis dos preferidos en ese orden para obtener el reconocimiento a mejor actuación en rol masculino.
Bugonia y Una batalla tras otra
La faceta original de las historias continúa siendo mi principal criterio valorativo a la hora de apreciar un film, aunque en los recientes años las formas hayan ganado presencia en mi baremo de puntuación. Por eso, coloco a Bugonia en el tercer puesto de mis preferencias. Además de fascinarme las propuestas narrativas del director Yorgos Lanthinos, Jesse Plemons y Emma Stone, como siempre, están excelentes —ver mi reseña[1]—. La he ubicado por encima de una de las grandes favoritas: Una batalla tras otra de Paul Thomas Anderson. Un director de grandes films, cuya sapiencia cinematográfica es innegable, pero el relato contenido en su película me luce un compendio de historias ya vistas. Viéndola, he rememorado a la ya clásica V de vendetta (2005) que nos legara la emblemática máscara protestaría. El leit motiv de Una batalla tras otra se aproxima bastante, aunque realzada por excelentes tomas y todos los avances cinematográficos que un director tan crafty como P.T.A sabe aplicar de manera muy ventajosa. El objetivo de la combatividad revolucionaria, esta vez, es una cruel política migratoria de un régimen que no se identifica, aunque resulta inevitable que el gran público la vincule a Trump. Es así como el controversial presidente de los Estados Unidos ha recibido, en el espacio de pocos meses, azotainas muy masivas de dos eventos culturales con resonancia mundial. Quizás, sin haberlo planificado, el nombre de Paul Thomas Anderson se añadirá al de Bad Bunny con su show del medio tiempo del Súper Tazón. Como comentario adicional sobre este film, resalto la actuación de Sean Penn como mi candidato en el renglón de mejor actor masculino de reparto —aunque compita con la actuación de Skarsgåd cuyo rol no lo considero de reparto—.
Mi pronóstico de la ganadora
Ya he mencionado a mis primera, tercera y cuarta preferidas, ¿cuál es la segunda? La que pronostico que ganará el apetecido sitial de honor: Hamnet de la directora Chloé Zhao. Desde una perspectiva más integral, reconozco que es la producción cinematográfica con mayores méritos. Un relato vinculado al principal referente literario en lengua inglesa; poderoso además, no obstante yo haya conectado más con el de Valor sentimental por las razones ya exteriorizadas. La memorable actuación de Jessie Buckley que será recordada por largo tiempo y se proyecta como la incontestable ganadora de la noche. Y, finalmente, una puesta en escena impecable que, muy posiblemente, le rendirá el premio a la mejor dirección a su directora, aunque me gustaría ver al noruego Trier recibiendo la estatuilla —Zhao se apoya en un texto que me refieren como magnífico, de la novelista Maggie O’Farrell (2020), Trier logra lo que ya hemos resaltado al principio de esta reseña desde un guion original del que es copartícipe—. A continuación les dejo mi lista de nominadas en orden de mi preferencia:
1. Valor sentimental
2. Hamnet
3. Bugonia
4. Una batalla tras otra
5. Agente secreto
6. Marty Supreme
7. Frankestein
8. F1
9. Sueños de trenes
10. Sinners
[1] Lanthinos lo vuelve a hacer: “Bugonia” en https://tinyurl.com/476s7eet
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