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Argentina 1985

8/10/22

Por

Asdrúbal A Romero M

Una película nacida para mantener viva la Memoria Histórica

Hoy día siento especial predilección por los libros o películas que han nacido con el objetivo que la memoria histórica se mantenga viva. Como el año que se incluye en el título lo indica, los argentinos se han tardado en esta ocasión pero el producto final es excelente. Gran premio del público en la sección Perlas del recientemente finalizado Festival de San Sebastián - puntuación: 9.4 sobre 10-; aclamada en el Festival de Venecia. Acudí a verla en el marco de la Fiesta del Cine en Madrid, ese día la sala 1 de Cines Verdi estaba repleta y, al concluir la presentación, el aplauso fue generalizado y clamoroso. También es la candidata por Argentina en la carrera de los Oscars.


La película se nutre, fundamentalmente, de los hechos reales suscitados alrededor del "Nuremberg Argentino": el Juicio a las Juntas en el que los generales, integrantes de las diversas juntas que se rotaron en el gobierno de Argentina durante los siete años de vigencia del golpe de estado de 1976, fueron puestos en el banquillo de los acusados -Videla, Viola y Galtieri los más conocidos-. A los escasos meses de haber asumido Raúl Alfonsín la Presidencia (diciembre de 1983), se comenzó a rumorear sobre la posibilidad que fuese transferido desde el alto tribunal militar a una corte civil, por presiones del nuevo gobierno, el juicio a los generales por los delitos de homicidio, secuestro y tortura.


De concretarse el rumor, correspondería al fiscal Julio César Strassera, excelentemente personificado por Ricardo Darín, el papel de acusador. Este, al principio, tuvo dudas en asumir su rol según lo que refleja la película. Creía Strassera que el juicio, si se daba, era debido a una maniobra del gobierno para mantener presionados a los militares, pero que no desembocaría en una condena por no ser esta un objetivo de su real interés. Temía, en consecuencia, que la cuerda reventaría por lo más delgado, él, en cuanto la puja entre los dos sectores de mayor poder alcanzara su máxima tensión. No estaba dispuesto a ser utilizado en ese juego macabro de intereses como pieza desechable de negociación.


La película no es sólo sobre el juicio. También retrata todo ese proceso previo en el que las dudas del fiscal se van amortiguando, hasta desaparecer, como resultado de las presiones que va recibiendo de parte de su entorno familiar y el social más cercano. Supongo que está es la parte donde los guionistas: Santiago Mitre, también director, y Mariano Llinás, aprovechan para reinventar el personaje del Fiscal, dotarlo de una robusta y creíble humanidad y de un entorno cercano propicio a generar situaciones que contribuyen a balancear la película y que ella no se convierta en un escenario de puro dolor. Se producen incluso momentos de una comicidad muy natural como, por ejemplo, los que se enfocan en la relación entre Strassera y su hijo adolescente -un personaje secundario muy inteligentemente aprovechado-. Darín aprovecha estas matizaciones para perfeccionar aún más el papel en el que ha construido una magnífica trayectoria: el del héroe anónimo sobrevenido por las circunstancias que le empujan a serlo.


Ya entrados en el procedimiento tribunalicio, la cinta se apega con bastante fidelidad a las fuentes históricas pero sin incurrir en demasiados detalles y evitar el tedio que se pudiese derivar de lo innecesariamente exhaustivo. Ya existen unas cuantas joyas en el género de los films centrados en procesos similares, como para repetirse en esa muy dura competencia. Strassera anuncia al inicio que se concretará a exhibir solo 709 casos “que no agotan, por cierto, el escalofriante número de víctimas que ocasionó, lo que podríamos calificar como el mayor genocidio que registra la joven historia de nuestro país” –cita textual-.


¡Les tomó diecisiete semanas de audiencia! En la película se despliegan muy contados testimonios, aun así se extiende hasta los 140 minutos pero sin aburrir. Entre ellos, el más potente: el de Adriana Calvo de Laborde. Secuestrada en 1977 en pleno embarazo de siete meses; trasladada sin piedad de un cuartel a otro hasta que, en uno de tales desplazamientos, tuvo que dar a luz sin ayuda en la parte trasera de un vehículo y ante la mofa de los militares. Las investigaciones que he realizado en las redes sociales, motivadas por el gran interés que me ha generado “Argentina 1985”, relatan que ese fue el punto de inflexión del juicio. La Defensa enmudeció. Y más que eso: se constituyó en punto de quiebre para la sociedad argentina que ya no pudo cerrar los ojos ante el horror de lo que había pasado en los campos de concentración de la dictadura.


Otra subtrama que contribuye a distraernos del excesivo dolor del juicio, es la relación entre Strassera y el joven fiscal adjunto que le asignan, personificado muy bien por el actor Peter Lanzani. Desconfianza al principio que se convierte en sólida integración de equipo, pero no ausente de tensiones debidas a las diferencias de personalidad y de madurez de ambos personajes.  De esta manera, la cinta se va equilibrando hasta llegar al tramo final: la pieza oratoria de la acusación. Cito: “Si bien resulta inexcusable admitir la necesidad y la legitimidad de la represión de aquellas organizaciones que hacen de la violencia su herramienta de lucha política, a fin de defender los valores de la democracia, del mismo modo ha de admitirse que cuando esa represión se traduce en la adopción de los mismos métodos criminales de aquellas organizaciones, renunciando a la eticidad, nos encontramos en presencia de otro terrorismo; el del Estado, que reproduce en sí mismo los males que dice combatir. Los guerrilleros secuestraban, torturaban y mataban. ¿Y qué hizo el Estado para combatirlos? Secuestrar, torturar y matar en una escala infinitamente mayor y, lo que es más grave, al margen del orden jurídico instalado por él mismo, cuyo marco pretendía mostrarnos como excedido por los sediciosos.”


Con estas palabras desmonta el Fiscal el principal argumento de la Defensa. Todo se había perpetrado en el marco de una guerra legítima contra la subversión. ¡Constituían acciones militares! Ya casi concluyendo, dice otras que, al escucharlas, sintonizaron con mi sentimiento venezolanista. Resonaban en mi corazón desde un distante pasado,  para ser citadas en algún juicio de la historia por construir en el futuro de mi abusada patria. La historia tiene tendencia a repetirse: aquellos fueron unos militares criminales y estos unos delincuentes sanguinarios que se esconden detrás de eslóganes del “Buenismo”  para propagar a lo largo y ancho de nuestro territorio el aliento de Tánatos. Cito a Strassera: “Los argentinos hemos tratado de obtener la paz, fundándola en el olvido y fracasamos; ya hemos hablado de pasadas y frustradas amnistías. Hemos tratado de buscar la paz por vía de la violencia y del exterminio del adversario y fracasamos; me remito al período que acabamos de describir. A partir de este juicio y de la condena que propugno nos cabe la responsabilidad de fundar una paz basada no en el olvido, sino en la memoria, no en la violencia, sino en la justicia.”


Finalmente, lo que no les anticiparé es si la acusación a los generales prosperó o no.


Asdrúbal Romero Mujica

@asdromero


Nota del autor: En mis investigaciones he conseguido un documento pdf contentivo del extracto del discurso del Fiscal Strassera. Pueden acceder a él en el botón de descarga.

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